Es verdad que ya existía el precedente de su anterior visita al Poble Espanyol en 2023, pero cuando Primavera Sound anunció hace un año que la gira de residencias de King Gizzard & The Lizard Wizard recalaría en Barcelona (además de otras cuatro ciudades europeas: Lisboa, Vilna, Atenas y Plovdiv), pensé que los australianos habían perdido definitivamente la cabeza. Aunque viniendo de ellos, no es la primera vez que ocurre, claro…
Recordemos que estamos hablando de un grupo que, desde su ya lejano debut 12 Bar Bruise en 2012, ha publicado una veintena de álbumes (el vigesimoséptimo, Phantom Island, llegará tan solo en un par de semanas), regalando en ocasiones hasta los masters de sus grabaciones, aglutinando un abanico estilístico multicolor que abarca desde garage rock, psicodelia, metal, dream pop, folk, electrónica, boogie, y hasta música microtonal, siendo capaces de volcarlos en unos directos que conforman una exótica ensalada de géneros que conviven en perfecta armonía. Todo ello desde la más absoluta independencia.

Plantarse tres días seguidos en un recinto para 5.000 personas, cambiando el repertorio cada noche, sin repetir canciones, y sin ningún single de éxito con millones de escuchas en las plataformas de streaming, parecería un auténtico suicidio para cualquiera. No para el sexteto de Melbourne.
Y es que a lo largo de una carrera imparable, la cuadrilla de Stu Mackenzie y compañía ha sabido captar a una legión de seguidores que los acompaña religiosamente allá por donde van, recordando a fandoms de militancia extrema como los de Grateful Dead o Pearl Jam. Por lo tanto, vivir alguna de estas residencias europeas suponía la experiencia King Gizzard definitiva. No es de extrañar que la presencia de público extranjero se dejará notar a lo largo de un fin de semana con un ambiente de lo más acogedor y que dio mucho de sí.
VIERNES 23
El inicio del primer día apuntaba fuerte con una ‘Robot Stop’ que abrió de par en par las puertas del Gizzverso. Un prometedor disparo a quemarropa que se quedó en mero fogueo, ya que su posterior enlace con ‘Big Fig Wasp’ se vio lastrado por un exceso de improvisaciones y jams que restaron fluidez al anfetamínico arranque de Nonagon Infinity.Durante la primera hora fueron los cortes del desenfadado Flight b741 (‘Rats In The Sky’, ‘Raw Feel’) los que salvaron la papeleta aderezados con algún tesoro bienvenido como ‘Muddy Water’, procedente del ecléctico Gumboot Soup.

Fue justo en el intermedio cuando la noche empezó a carburar. Curiosamente, el punto de inflexión llegó marcado por Nathan, un monstruoso armatoste de sintetizadores modulares en ocasiones manipulado hasta por diez manos dejando únicamente al batería Michael Cavanagh en su demarcación habitual. Un aparato que no dejó indiferente a nadie desatando amores y odios a partes iguales. En este primer intento cayó una extensa y alucinada ‘Gilgamesh’ de resolución satisfactoria, aunque hubiera sido de agradecer una duración más contenida.

De vuelta a sus correspondientes instrumentos, nos esperaba una sección microtonal que agradó a los paladares más exigentes. ‘All Is Known’, ‘Sleep Drifter’, ‘Honey’ y ‘Billabong Valley’ con el teclista Ambrose Kenny-Smith como estrella total (aunque en la banda todos se reparten el protagonismo al micrófono), recondujeron la situación. Junto a una recta final sacando del banquillo las Flying V y Explorer para acometer un aquelarre metalero a medio camino entre el thrash cazurro de ‘Organ Farmer’, el doom de ultratumba de ‘The Great Chain Of Being’ y alguna traza de progresivo que se coló en ‘Motor Spirit’ (piensa en los Metallica de Kill ‘Em All puestos de ácido hasta las cejas y acertarás), dejaron el pabellón más alto de dónde lo habían recogido dos horas antes. Una primera jornada de tanteo mejorable, aún con apuntes interesantes.
SÁBADO 24
El día siguiente fue totalmente distinto gracias a un ritmo más dinámico tanto en planteamiento como en ejecución. Comenzando por esa ‘Magma’ infinita que nos arrojaron directamente a la cara. Un momentazo espectacular cocinado a fuego lento hasta un desenlace apoteósico, avisando de que nuestros lagartos saltaban a la cancha dispuestos a ganar.
Activaron el “modo fiesta” con ‘Field Of Vision’ para poner a la pista a bailar a base de boogie rock. El efectismo de las canciones de Flight b741 en vivo es tal que intuimos que van un mantener un lugar de privilegio en los setlists al menos durante una buena temporada. La revisión de ‘Theia’ despojada de su vestimenta electrónica nos pilló a todos desprevenidos para presentarse en un formato más convencional. La enésima demostración de que no existen reglas preestablecidas en un concierto de King Gizzard & The Lizard Wizard. Todo es posible. Como volver a invocar a Nonagon Infinity a través de ‘Wah Wah’ y una ‘Road Train que nos hizo cabalgar hacia el delirio colectivo.

En ese momento el bolo ya funcionaba solo y la cuota microtonal tampoco faltó a la cita dejando nuevas perlas en forma de ‘Open Water’, ‘Minimum Brain Size’ y ‘Oddlife’. Turno para sacar a Nathan a la palestra, aunque no tuvo su noche con una ‘The Silver Cord’ prescindible e intrascendente. Más de uno aprovechó la parada en boxes y bien que hizo porque lo que se nos vino encima en el segundo tramo fue de órdago. Con las guitarras rugiendo al 11, ‘Witchcraft’ y ‘Mars For The Rich’ arrollaron sin piedad antes de cazar otro instante para guardar en la galería: el inicio de I’m In Your Mind Fuzz empalmado en toda su extenuante gloria. ¿Se podía pedir más? Pues sí.

De entre las tinieblas emergió ‘Gila Monster’ para terminar de chamuscarnos la sesera. Engorilamiento masivo ante uno de sus singles con mayor vocación de himno inmediato. Al grito de “Free Palestine” cerramos la mejor y más completa de las tres veladas en la ciudad condal. Y eso que todavía nos quedaba una última bala en la recámara.
DOMINGO 26
Era complicado dar replica a una noche como la del día anterior. Aún sin lograrlo del todo, seguíamos a la caza y captura de cortes inéditos en nuestra colección personal. Por suerte, los microtonos madrugaron en esta última jornada para entregarnos a los ritmos exóticos de ‘O.N.E.’, ‘Doom City’ y ‘Supreme Ascendancy’, dejando claro que cuando Ambrose agarra el micrófono siempre eleva el nivel del show. Nadie se atreverá a discutir el liderazgo de Stu Mackenzie, pero como frontman el magnentismo del también vocalista de The Morlocs es insuperable.

Siguieron acudiendo al rock alegre de Flight b471 mediante ‘Antarctica’, ‘Daily Blues’ y una celebradísima ‘Le Risque’. Una pieza de lo más coral que vino precedida de otra sección llena de musculo a cargo de la dupla ‘The Lord Of Lightning’ y ‘The Balrog’, alternada con la delicadeza de ‘You Can Be Your Silhouette’ o una simpática rareza como es ‘The Garden Goblin’ a cargo del guitarrista Cook Craig. Ni aún poniendo el modo aleatorio había manera de detenerlos.
Llegábamos al ecuador y eso significaba que Nathan amenazaba con volver a causar estragos. Inesperadamente, dejó los dos mejores temas de la noche. Primero una ‘Magenta Mountain’ de ensueño. Synth pop preciosista para una de sus composiciones más bellas, contrastando con el rap a lo Beastie Boys de ‘The Grim Reaper’ con arreglo de flauta travesera incluido y Ambrose justificando su papel de MVP. Sencillamente descomunal ver como el personal se venía tan arriba. Por favor, necesitamos el disco de hip hop de King Gizzard.

Tocaba echar el cierre a semejante epopeya, pero no acabaron de estar a la altura. La triada final formada por ‘Converge’, ‘Superbug’ y ‘Flamethrower’ no terminó de convencer a pesar de su evidente contundencia. Se buscó el efectismo pero nos dejó la extraña sensación de que podría haber sido mejor de haber optado por una clausura menos previsible.
Mientras unos se dirigían a la sala Upload para quemar las últimas naves en una pinchada que contó con la participación de los protagonistas del evento, otros analizábamos la jugada de camino al transporte público. Que después de 3 días, 6 horas y medio centenar de canciones todavía nos sintiéramos sedientos de más, da fe de lo inabarcable que es una discografía que continúa aumentando en tiempo real. ¿Qué si estaría dispuesto a repetir la experiencia a fin de pillar más canciones que no llegaron a sonar (incomprensible, por ejemplo, que Polygondwanaland no hiciera acto de presencia)? Mañana mismo, sin el menor tipo de duda. Porque como diría Forrest Gump, la vida es como una caja de bombones o un concierto de King Gizzard & The Lizard Wizard: nunca sabes lo que te va a tocar.
GONZALO PUEBLA









