FECHA: 20 DE FEBRERO DE 2020
LUGAR: SALA CARACOL (MADRID)
PROMOTOR: LIVE NATION/THE MAD NOTE CO./MERCURY WHEELS

Últimamente entre mi círculo de amistades es común recurrir al debate sobre el futuro del rock. ¿Existe de verdad un relevo generacional? Viendo que una banda como DeWolff, cuyos componentes aún están en la veintena y son capaces de llenar una sala como la Caracol, me aventuraría a decir rotundamente que sí. El problema viene cuando uno se da la vuelta y comprueba que se produce la curiosa anomalía de que varios de los asistentes podrían ser sus padres en lugar de unos chicos de su misma edad. Quizás la cuestión no esté encima de las tablas, sino en la propia pista.

En cualquier caso, el grupo de los hermanos Van de Poel regresaba a nuestro país con la excusa de presentar su nuevo Tascam Tapes. Quienes ya saben cómo se las gastan han debido de hacer correr la voz para que su fanbase se esté ampliando progresivamente, como así demostraba el “todo vendido” que colgaron.

Un hecho del que pudieron disfrutar Dawn Brothers. Y nosotros de ellos, ya que la formación procedente de Rotterdam desplegó un formidable rock americano de pinceladas sureñas. Como un cruce entre el clasicismo de Creedence Clearwater Revival y las jams electrificadas de Howlin Rain, sonaron estupendamente bien durante la media hora que disponían. Una de esas actuaciones que consiguen capturar tu atención y convertirte en fan en cuestión de minutos.

Por su parte, DeWolff venían con todo el despliegue de una banda grande. Ya lo son en cuanto a calidad, pero viendo su posición en los carteles de los festivales, su repercusión aún puede ir a más. Con un enorme telón de fondo y hasta una alfombra con el diseño ideado para su último trabajo, el trío holandés apareció tras correrse el telón (como molan siempre estos detallitos en la Caracol) con sus trajes de blanco fantasía. Arrancaron con una tímida ‘Made It To 27’, pero en cuanto pusieron a funcionar el groove embriagador de ‘Nothing’s Changing’ ya nos tenían en el bolsillo, completamente rendidos a su merced.

Y es que si hay algo malo que se pueda decir de estos veinteañeros, es que sus discos de estudio no acaban de hacer justicia a la experiencia que es verles en acción. En directo su gusto por la improvisación es mucho más claro. No dudaron el transformar a su antojo clásicos de su cancionero como ‘Sugar Moon’, ‘Medicine’ o ‘Tired Of Loving You’. En esos momentos es cuando Pablo, cantante y guitarrista del combo, brilla por encima de sus compañeros. Aunque también podrías pasarte horas embobado viendo la maestría al teclado de Robin Piso o como su hermano Luka sostiene toda la estructura tras los parches, este chico tiene madera de estrella.

Foto: Blanca Gemma Fuerte

Porque además de poseer un talento innato para las seis cuerdas, sabe cómo dar espectáculo. Ya sea subiéndose al Hammond para saludar a toda la sala, dejar por unos segundos aparcada la guitarra en ‘Double Crossing Man’ para dejarse invadir por el espíritu de James Brown (ese poso de soul clásico se nota y mucho), lanzarse al suelo ejecutando un solo salvaje o descorchando una botella de champán con la que brindar junto a las primeras filas, consigue mantenerte atento a todos sus movimientos.

En el bis invitaron a sus paisanos Dawn Brothers a subir para interpretar ‘Devil Woman’, una canción conjunta que han grabado recientemente en un EP que desembocó en una auténtica fiesta con duelos guitarrísticos de por medio. Era como ver una reunión de colegas pasándoselo en grande mientras nosotros ejercíamos de privilegiados espectadores. Daba la sensación de que podrían estar tocando la noche entera y nunca terminarían de cansarse.

Tras una ‘Big Talk’ a modo de petición, se despidieron con una portentosa ‘Deceit & Woo’ mientras Pablo disfrutaba haciendo stagediving, certificando así uno de los mejores conciertos que vamos a ver este año. Y es que como él mismo bromeaba “I know el pollo means the chicken, but la polla is something else”. DeWolff, sin duda, lo son. No se los pierdan en el Azkena.

GONZALO PUEBLA