FECHA: 20 DE NOVIEMBRE DE 2025
LUGAR: SALA APOLO (BARCELONA)
PROMOTOR: PRIMAVERA SOUND

Les ha costado, pero, después de habernos visitado por su cuenta o en festivales como el Primavera Sound o el AMFest, parece que, por fin, Deafheaven han alcanzado el estatus que la calidad de sus discos merecía desde hacía mucho tiempo. Que su concierto, inicialmente previsto para la sala pequeña de Apolo, se trasladara a la grande, y que prácticamente la llenaran, certifica que su número de seguidores sigue creciendo y, visto lo visto, no me extrañaría que la próxima vez aún sean muchos más.

Los californianos venían acompañados en esta gira europea de dos bandas amigas que, en cierta manera, definen el espectro musical en el que se mueven. Zeruel, trío de Baltimore de shoegaze atmosférico, a los que reconozco que no presté demasiada atención, porque tampoco hubo nada que me la llamara. Mucho más interesantes resultaron los texanos Portrayal Of Guilt, con una aproximación bastante original al black metal, incorporando elementos de noise y algunos ritmos poco ortodoxos. A ratos sonaban como Unsane mezclados con Primus (‘Sadist’), y en otros como si Converge fueran noruegos y quemaran iglesias (‘The Crucifixion’). Fue un milagro que no tuvieran que recoger pedacitos de la garganta del cantante y guitarrista Matt King, de lo mucho que la exprimió.

Foto: David Sabaté

Pasaban un par de minutos de las nueve y media cuando Deafheaven salieron al escenario mientras sonaba de fondo ‘Incidental I’ de su último trabajo, Lonely People With Power, del que se alimentaría la mayor parte del repertorio. Y, como pasa con algunos equipos de fútbol cuando saltan al campo, simplemente por su porte se olía goleada. Y así fue. El primer mordisco llegó con ‘Doberman’ y, de inmediato, se hicieron evidentes dos cosas: primero, suenan más profesionales que nunca, con un sonido impoluto y potente, aunque moderado de volumen y algo falto de dinámica; segundo, es como si la banda hubiera pasado por un campamento intensivo de presencia escénica. Si antes los músicos parecían clavados al suelo, ahora se mueven constantemente por el escenario (en especial el guitarrista Ian Waters, sustituto temporal de Shiv Mehra) y no se cortan a la hora de hacer poses, levantando los mástiles al aire, subiéndose a las tarimas frente al escenario y, en el caso de George Clarke, creyéndose de verdad su papel de frontman animando a la gente a botar y hacer stage diving. La conexión instantánea con el público me recordó a la que vivimos con Ghost en 2015 en este misma sala.

Foto: David Sabaté

Tras ese primer mazazo, la caña continuó con ‘Magnolia’, siguiendo la misma secuencia del último disco, para acto seguido deleitarnos con ‘Brought To The Water’, la única visita a New Bermuda, en la que la extensa parte instrumental central nos recordó por qué son una banda especial. Acto seguido, ‘Sunbather’ fue otra exhibición catedralicia de la fusión de black metal con pasajes atmosféricos, con un Daniel Tracy pletórico a la batería. Vuelta al nuevo álbum con la tenebrosa ‘The Garden Route’, la más post punk ‘Body Behaviour’, con el bajo de Chris Johnson y esa línea de guitarra como gancho principal del estribillo, y ‘Amethyst’, alternando relámpagos y blast beats con momentos de relativa calma. Aquí me hubiera gustado que hubiera sonado algún tema de Infinite Granite, como ‘In Blue’ o ‘Great Mass Of Color’, pero no se puede tener todo.

‘Incidental II’ sirvió como transición hacia la parte final del set, donde el riff ultrametálico de ‘Revelator’ desató la locura en la pista, ‘Dream House’ nos elevó a los cielos durante diez minutos y la épica ‘Winona’ fue una última manifestación de su poderío, con un clímax que nos dejó tumbados. Antes de terminar, Clarke dijo que este había sido el mejor concierto de la gira y, aunque es posible que lo diga cada noche, por una vez elegí creérmelo. Uno de los bolos del año.

JORDI MEYA