Ni el maldito impass a causa de la pandemia ha impedido a Bridges To Nowhere seguir fieles a la cita de publicar un nuevo LP cada tres años. Como viene siendo norma desde que arrancasen su andadura hace más de una década cuando aún se hacían llamar Livewire, los talaveranos se lo han vuelto a guisar y comer ellos solitos en lo que a la grabación respecta.
Únicamente el máster de Álvaro Escribano supone el toque externo necesario para que en Science Or Belief el trío haya firmado la que probablemente sea su mejor obra hasta la fecha. Y eso que musicalmente siguen moviéndose por la fórmula a medio camino entre el hardcore melódico noventero y el rock alternativo que tan bien han sabido siempre ejecutar. No hay grandes sorpresas en ese aspecto, salvo que aquí su nivel de inspiración se sitúa por encima de lo que ya nos habían mostrado en anteriores episodios.
Así pues, el inicio del álbum va como un tiro empalmando la urgencia de ‘Science Or Belief’ y ‘Before Your Eyes’ (en la que intervienen Germán de The Blackjaw y Borja de Skylines a las voces para aportar aún más mordiente al asunto) con una ‘Every Man For Himself’ que destapa su faceta más melódica. Por ahí es donde aparecen cortes destacables con singles tan potenciales como ‘Train Wreck’, ‘What If’ y ‘Time Zones’, cuya letra aborda la problemática de las relaciones a distancia.
El contraste vuelve con ‘My Last Punk Rock Song’, un curioso corte que bebe directamente de No Use For A Name por su imparable batería y la aportación vocal de María Alumbreros, sospechosa habitual en varias de las referencias que han editado en el pasado. Hasta se atreven a colar un beatbox en el puente. Por contra, las breves ‘My Place’ o ‘Your Opinion’ (ésta apenas supera los 20 segundos de duración) no terminan de aportar gran cosa más allá de ser meramente reiterativas en su afición por tocar a toda leche.
Aunque si hay alguna novedad en su discurso, sin duda esa es ‘Cold As The Clay’. Se trata de un medio tiempo con un tono más oscuro que de costumbre y un estribillo rocoso que les abre una ventana a explorar en futuras entregas. Con un álbum tan bien equilibrado, a Bridges To Nowhere solo les queda salir a presentarlo por todos los rincones de nuestra geografía, algo que hasta ahora ha sido su gran cuenta pendiente. Veremos si a la tercera va la vencida.
GONZALO PUEBLA









