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BOSTON MANOR – ‘Glue’

Los ingleses encuentran oro en su tercer álbum.

Los protagonistas de esta reseña ya no son aquellos chavales que hacían un emotivo pop punk de libro, efectista e inofensivo. Sólo han pasado cuatro años desde su largo debut, Be Nothing, pero aquello suena muy lejano. En su segundo largo, Welcome to the Neighbourhood, Boston Manor sorprendieron a propios y extraños con un trabajo mucho más personal, sombrío y fiero grabado en New Jersey bajo las órdenes de Mike Sapone (Brand New, Taking Back Sunday, Oso Oso).

Para su tercer trabajo el quinteto británico decidió repetir estudios y productor, seguir escarbando en el mismo agujero, expandiendo su propuesta. Y se podría decir que han encontrado oro. El presente Glue arranca con la fuerza de la futurista ‘Everything is Ordinary’, con unas programaciones que me recuerdan a Linkin Park, y el ritmo atropellado e industrial de ‘1’s & O’s’, algo parecido a meter a Nine Inch Nails, Idles y Sleaford Mods en una misma batidora. Nada que ver con la fascinante ’Plasticine Dreams’, con ese efecto de guitarra deudor de ‘How Soon is Now’ de The Smiths, y la confesional ‘Terrible Love’, un medio tiempo ideal para el lucimiento de su cantante, Henry Cox, que demuestra su versatilidad en muchas piezas.

Los misteriosos sintetizadores ‘On A High Ledge’ te transportan a los años ochenta hasta que explotan en una suerte de post-hardcore con tintes electrónicos digna de los mejores Underoath.

Si musicalmente el disco es ambicioso, el mensaje de Boston Manor tampoco se queda atrás. Los de Blackpool describen lo que ven cada día a su alrededor (machismo, egoísmo, apatía…) y firman un retrato generacional bastante incómodo que invita a tomar cartas en el asunto.

LUIS BENAVIDES