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ACCEPT – ‘Too Mean To Die’

Siguen fieles a su libro de recetas de heavy metal.

Si has seguido, aunque sea mínimamente, la carrera de Accept sabrás qué esperar de ellos: heavy metal a toda pastilla, voces rasposas y solos, muchos solos. Que no alteren aquello a lo que llevan aferrados desde los 80 responde a una sola cosa: la demanda de este tipo de música sigue ahí.

Han pasado guerras, una pandemia mundial, cambios de formación -con Martin Motnikun como nuevo bajista y Philip Shouse como tercer guitarrista- pero el resultado sigue siendo el mismo… Algo que, por otro lado, es de agradecer. Tras una carrera de 40 años no esperas que vayan a dar un giro de timón importante, y por suerte en Too Mean To Die siguen tan cabreados como siempre.
Accept vuelven a hacer aquí ese tipo de música que disfrutas bebiendo cerveza y recordando batallitas con los colegas, pero si lo comparamos con su anterior The Rise Of Chaos comprobaremos que han mejorado, no sólo en la confianza que aplican a la composición,  sino en el sonido que han conseguido arrancarle a sus guitarras.

Está claro que el incombustible Wolf Hoffmann insiste en la misma fórmula, consiguiendo mejores resultados gracias a las ventajas de las producciones actuales, pero siguen fieles a su libro de recetas de heavy metal. Me hubiera gustado que, como en Iron Maiden, que el tener un tercer guitarrista les hubiera aportado una tercera dimensión, pero como mucho complementa el ataque sonoro en cuanto a contundencia.

En los 52 minutos que dura su nuevo trabajo no dejan de escupir veneno, ni de incordiar a la sociedad como en tiempos de antaño, pero sobre todo se siente auténtico y no una pose. Pero lo que acaba haciendo de Too Mean To Die un buen disco, como el resto de su catálogo, es la épica con la que interpretan los temas, esos coros y cánticos casi hooligans (‘Overnight Sensation’), y esa actitud viril, casi de matón, que se puede oler a través de los altavoces (‘Not My Problem’). Si todavía te funcionan las rodillas, puedes seguir rockeando con ellos como siempre.

JORGE FRETES