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AC/DC – ‘Power Up’

Por si alguien tenía alguna duda, en Power Up, AC/DC siguen sonando a AC/DC.

Hace apenas tres años, la legendaria carrera de AC/DC parecía estar muy cerca de llegar a su punto final. La muerte de Malcolm Young, los problemas de oído de Brian Johnson, que le impidieron completar la gira de Rock Or Bust, la voluntad de jubilarse anunciada por el bajista Cliff Williams, y los rifirrafes con la justicia del batería Phil Rudd, parecían demasiados obstáculos para que ni siquiera un ser con tanta determinación como Angus Young pudiera sortearlos.

Es verdad que nadie esperaba que el inesperado capote que le lanzó Axl Rose para sustituir a Johnson en unos cuantos conciertos funcionara tan bien, pero de ahí a que pudieran grabar un nuevo disco con una formación de circunstancias había todo un mundo. Pero como los gatos, AC/DC parecen tener siete vidas, y contra todo pronóstico las piezas que parecían perdidas han vuelto a encajar en el puzle, y nos encontramos en las manos con Power Up, un álbum grabado por lo más cercano posible a la formación clásica de la banda.

Naturalmente, el vacío dejado por Malcolm es imposible de llenar, ni siquiera por alguien de la familia como su sobrino Steve Young, pero que no esté físicamente no significa que no pueda estar en espíritu. O en su caso, con riffs. Como ha explicado Angus, buena parte de los que encontramos en su decimoséptimo trabajo de estudio fueron rescatados de composiciones y maquetas que tenían en sus archivos. Siendo sincero, me resulta complicado decir que esto ha marcado la diferencia, porque veo totalmente factible que Angus también hubiera sido capaz de componer estas mismas canciones él solito, pero desde luego le añade un punto emotivo para sus millones de fans.

Por si alguien tenía alguna duda, en Power Up, AC/DC siguen sonando a AC/DC. Hasta diría que de los tres que les ha producido Brendan O’Brien de manera consecutiva, Power Up gana por puntos por su vitalidad. Los primeros acordes de ‘Realize’, con algo de ‘For Those About To Rock’, y unos coros a lo ‘Thunderstruck’ te sitúan de inmediato en ese imaginario colectivo que han creado de murallas de Marshall elevándose hasta el infinito y miles de puños en alto. No tiene esa madera de clásico instantáneo como otros de sus temas de apertura, pero cumple su cometido.

El resto de canciones encajan a la perfección en su libro de estilo haciendo difícil destacar una por encima de otra, pero ‘Witch’s Spell’, un tema con un aire más old school y un infeccioso punteo de Angus, el blues acelerado de ‘Demon Fire’ a lo ‘Whole Lotta Rosie’, o los pegadizos estribillos de ‘Shot In The Dark’ y ‘Kick You When You’re Down’ elevan el listón. Lo cual no significa que otros puedan considerar a ‘No Man’s Land’, ‘System Down’ o ‘Code Red’ como sus favoritas. Y donde no llega la inspiración (‘Money Shot’), la química sale al rescate.

Ya se sabe que los australianos no hacen baladas, pero ‘Through The Mists Of Time’ enlaza con esos medio tiempos, de cadencia casi AOR, que de vez en cuando incluyen en sus discos, y que, sinceramente, facturan con total solvencia. Y en el segundo tema, ‘Rejection’, escuchamos de fondo unos ‘uuuhs’ más poppies de lo normal en el estribillo, pero ahí se acaban las novedades.

Pero pese a saber exactamente lo que te vas encontrar hay algo reconfortante en escuchar de nuevo la agrietada voz de Johnson, la tensión eléctrica de las guitarras de los Young, y ese maravilloso groove vacilón que consiguen Williams y Rudd. En un mundo lleno de interrogantes, al menos tenemos algunas certezas: la muerte, los impuestos y… AC/DC.

JORDI MEYA